Que la cerveza artesana ha experimentado un cambio situacional es algo más que evidente. Lejos de lo que muchxs veían como una moda más, lo que ha experimentado (y continua haciéndolo) el mundo de la craft beer es una revolución.

España ha sido tradicionalmente un país vinícola, pero no debemos olvidar que esta bebida fermentada hasta hace pocas décadas, tampoco gozaba de un reconocimiento real, y quedaba relegado a bebida de mesa y poco más. En el caso de la birra, el elevado consumo de cerveza industrial se ha vinculado siempre al refresco, las “cañitas” y el hecho de tomarla indiscriminadamente y sin prestarle atención (responsabilidad que acarrean las macrocervecerías y sus productos sin matices ni sabores que sorprendan al/la consumidor).

Con esto, no queremos referirnos a que antiguamente en España no había cerveceras locales, pero sí a cómo el oligopolio cervecero terminó haciendo que fueran absorbidas por las macro o directamente, cerraran sus puertas.

Como previamente sucedió en otros países, el afán, amor y pasión por esta bebida, hizo que muchxs amantes de la birra viajaran y aprendieran su elaboración, en busca de huir de las lager con la que pretendían engañar a nuestros paladares los grandes grupos cerveceros.
Tras años de ensayo-error, inversiones de dinero y sobre todo, muchísimo trabajo, empezaban a aparecer las primeras micro cervecerías españolas en un mercado todavía reticente y escondido para la gran mayoría del gran público.

Si las cosas caen por su propio peso, también las que se alzan lo hacen por lo mismo. Pese a ser un camino duro, el esfuerzo de todxs aquellxs pionerxs y el trabajo de personas como el británico Steve Huxley (mentor de la cerveza artesana en Catalunya) ha hecho que la calidad, variedad y cantidad de cervezas españolas haya llegado a posicionarse como un referente a nivel europeo en cuanto a birra artesana.

Esta revolución ya no se puede parar. Las estadísticas mejoran año tras año, no tan sólo en consumidores, si no también en micro cervecerías o en el sector de la restauración, donde cada vez es más habitual (¡y debería ser obligatorio!) encontrar cerveza artesana en las cartas.

Así pues, desde REFU Proyecto Alternativo, no podemos más que alegrarnos por los buenos resultados y continuar luchando codo con codo junto a otras microcerveceras para seguir elaborando birra de calidad y divulgando la Cultura Cervecera. Cheers!

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